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Stop Making Sense

"¿Qué es lo que mueve al ser? ¿Trascender o dejar todo en el juego?" canta el de Cepillo un rato antes de romper la tensión en Como un dragón. ¿Qué mueve a los Talking heads para convencernos de dejar de buscarle el sentido a todo?

Stop making sense es una película (¿documental musical?) estrenada en 1984 y dirigida por Jonathan Demme, que compila las grabaciones de tres fechas de los Talking heads en Los Ángeles en el marco de la presentación de su disco Speaking in tongues, su primer gran éxito comercial. También fue presentado en formato de audio, incluyendo algunas otras canciones. Podría ser cualquier recital grabado imaginable si dejáramos de hablar al respecto acá.

Pero nada de eso sabía cuando me lo crucé por primera vez en Youtube, en una calidad no mayor a 720 píxeles, sin conocer más de dos o tres temas suyos. Habría sido un sábado a la noche del 2018, en alguna de esas jornadas de derrota asegurada, rendido a un televisor y media pizza de muzzarella. Noventa minutos después, seguiría quizá en la misma posición, pero los tres puntos esta vez se quedaban en casa.

David Byrne se presenta trajeado con una guitarra y una cassetera y empieza a tocar Psycho killer, el primer hit de la banda, dejando en claro que el escenario le queda chico aunque él esté solo en un lugar casi vacío y que será el que se lleve el MVP de la noche. Invita con el baile, el marcado del ritmo con el pie al piso y la mirada de estar dispuesto a todo. Con el correr de las canciones, se van sumando los demás integrantes de la banda y algunos sesionistas, en donde el escenario cambia constantemente de forma y a la vista del espectador, resultando camarógrafos e iluministas del lugar piezas fundamentales del show. El director desiste correctamente de filmar al público, su interés es el de que le prestemos absoluta atención a la performance de los que están ahí arriba, de estar inmersos en la energía infinita que transmiten y de que te den ganas de bailar como ellos y con ellos estando sentados en una butaca.

Párrafo aparte para Tina Weymouth, bajista y pieza fundamental de la banda, que con Byrne conformó el mejor dúo de la historia hasta que Luciano Figueroa conoció al Chelito Delgado.

No sería justo (ni atractivo para quien les habla) describir por separado todas las canciones del repertorio, pero sí mencionar que cada una ofrece su más fiel impronta, su punto caramelo. Por nombrar algunas, Life during wartime no puede ser sino haciendo una danza africana y corriendo alrededor del escenario unas cinco veces poniendo cara de loco, ni This must be a place sin la intimidad de un velador e imágenes que invitan a pasar el día con alguien más, ni Once in a lifetime sin un evangelista que se volvió esquizo porque el capitalismo es la peor de las agonías. La noche culmina con Take me to the river, una reversión de la escrita por Al Green, porque de lo que estamos seguros es que todos vamos a terminar durmiendo con los peces.

Suelo ser una persona que no acepta fácilmente recomendaciones de discos si no vienen con un comentario al respecto o si ese comentario no es más que dos o tres conceptos medio sueltos que podría enunciar hasta una inteligencia artificial de hace un par de años. Uno debería saberse hábil o esforzarse para hablar de lo que mejor sabe hacer o lo que más le gusta y lograr esa transferencia con el otro, del por qué le pasan cosas con esto y por qué debería pasarme a mí también, que en definitiva es lo que nos mantiene a todos de pie entre tanta porquería. Yo creo fervientemente que los TH buscan constantemente eso con esta obra: ellos saben bien que no había (ni habrá) mejor manera de hacerlo.

Habrá que dejar de buscarle el sentido a todo: aunque lo inevitable fuese trágico, vamos a celebrar nuestro paso por este mundo corriendo en un escenario, bailando con un velador o cantando con un saco del doble de ancho de nuestros hombros.

¿Posdata?: para cuando escribí buena parte de esta nota, un amigo me mostró la portada del vinilo traducida en español, en donde se anuncia como "Deja de hacer las cosas bien". Bien podría decirse que el traductor obró de esa manera.