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Parcela

¿Te acordás cómo era entrar a Internet antes de Facebook? Yo medio que tampoco.

Me hice una cuenta en el 2010, apenas había entrado a la secundaria, con la excusa de agregar como amigos a mis compañeros, porque parecía más accesible que ir pidiéndoles uno por uno el Messenger. A los pocos días se me cruzó por la cabeza la idea de borrar mi cuenta de ahí porque me sentía cooptado por el hecho de tener que "mudarme" a otro lado en donde estén todos los demás, sabiendo que donde yo ya estaba las cosas funcionaban bastante bien. Y porque obviamente la adolescencia era la época ideal para hacerse el distinto y ser bastante pelotudo.

No pasó. Me quedé ahí y mi virtualidad consistió en agregar (")amigos("), publicar fotos, álbumes de fotos, darle me gusta a publicaciones y comentarios, hacer publicaciones y comentarios, chatear con (")amigos("), darle me gusta a páginas, unirme a grupos. Separo adrede (y de la forma menos cohesiva posible) el megustear publicaciones y comentarios del de las páginas: Ni Dave Mustaine ni El Sábado Es El Mejor Dia De La Semana querían ser amigos tuyos, pero te dejaban que veas sus publicaciones en el inicio a cambio de un me gusta. Muchos artistas habían encontrado una alternativa a MySpace para subir fotos, fechas de tours e inclusive su merch. Me contentaba el hecho de centralizar las novedades de todas las bandas que escuchaba en un solo lugar. Por un momento gran parte de (mi) Internet tenía una sola dirección.

Facebook en el 2012 Facebook en el 2012.

Tres años después me hago una cuenta en Twitter e Instagram nosécuántos más después. Ya Facebook parecía vetusto, la novedad y el chisme pasaba por otro lado. Las bandas que me gustaban estaban ahí también. Había un factor común y era el de la inmediatez y lo compacta que era la información, uno podía estar al tanto de todo en cuestión de un par de horas.

Como nuestra atención pasó a ser la moneda que mejor le paga a las plataformas, empezaron a competir por ella laburando con nuestros datos y aplicando distintos algoritmos para que ni se nos ocurra cerrar la pestaña del navegador. Y ha sido tal el trabajo que casi todo "lo interesante" sí o sí pasa por ahí y se vuelve imposible no sentirse afuera de todo. Aún así, es bastante frecuente leer quejas respecto a la calidad de la información o por lo menos eso es lo que me pasa a mí. Llegamos a tal punto que la información dejó de ser información sino contenido. Las interfaces que ofrecen las plataformas para crear publicaciones están reducidas a la lógica que mencioné anteriormente. Es por eso también que la virtud de un creador de contenido no es el contenido sino qué tan bien usa la interfaz que le permite publicarlo.

Hace poco me empecé a cruzar con bandas que no tenían páginas web propias o las que tenían las dejaron de actualizar. Me pareció bastante triste porque se asume que da lo mismo tener una forma de expresión propia a ser un manojo de redes sociales que se pueden juntar en un linktree. Es algo que en mayor o menor medida terminamos ocasionando todos. Optamos en deshabitar Internet y amucharnos todos en un par de lugares comunes mucho más limitados, es como si casi todos los habitantes de una ciudad se mudaran de sus casas bajas a dos o tres edificios.

Todo este racconto no es para ofrecer soluciones puntuales sino para encontrar los agujeros que nos fue dejando el aceleracionismo de las plataformas.